Coautoría: Ariana Jarlett Cornejo Sanchez
El panorama financiero en el Perú se encuentra actualmente en el umbral de una metamorfosis sin precedentes que redefinirá la relación entre ciudadanos e instituciones. Lo que hace apenas un lustro se percibía como una posibilidad lejana o una tendencia exclusiva de mercados europeos, hoy se manifiesta como una realidad inminente que mantiene en vilo a las juntas directivas de la banca tradicional: la irrupción definitiva de los neobancos y la implementación obligatoria de un sistema de finanzas abiertas. Este cambio de paradigma no representa únicamente un reto de actualización tecnológica, sino un cuestionamiento profundo y existencial a las estructuras de negocio que han dominado el mercado peruano durante décadas bajo un modelo de presencialidad y control cerrado de la información. Ante la llegada confirmada de entidades globales y el acecho de titanes regionales, el sector bancario y microfinanciero se ve forzado a ejecutar una reingeniería de su propuesta de valor para no perder relevancia frente a un consumidor que exige eficiencia inmediata, costos marginales y una experiencia nativa digital.
El epicentro de la actual inquietud en el sistema financiero reside en la confirmación del ingreso de Revolut al mercado local. Este neobanco de origen británico, reconocido por su crecimiento exponencial en Europa, marcó un hito histórico al obtener, a finales de marzo, la licencia para organizarse como empresa bancaria ante los entes reguladores peruanos. Aunque este es solo el primer paso administrativo dentro de un proceso más amplio para obtener la licencia definitiva de funcionamiento, su sola presencia ha alterado las proyecciones estratégicas de toda la industria. La llegada de Revolut no es un evento aislado, sino el inicio de una secuencia de aperturas que obligará a las entidades bancarias actuales a replantear sus modelos de negocio de manera integral.
La ventaja competitiva de Revolut y modelos similares radica en su estructura “asset-light”, o ligera en activos físicos.Al operar bajo un modelo 100% digital que prescinde totalmente de una red de agencias o sucursales ladrillo y cemento, estas entidades pueden transferir este ahorro operativo directamente al cliente final. Los expertos del sector ya han advertido que este despliegue generará un impacto disruptivo en el mercado, ya que permite ofrecer productos financieros con costos significativamente menores a los de la banca tradicional. Es decir, se anticipa que este nuevo jugador será un competidor feroz, especialmente para los bancos de menor envergadura y para aquellas instituciones cuya cartera está concentrada en el segmento de personas naturales, quienes encontrarán en las aplicaciones digitales una alternativa más ágil y económica.
Sin embargo, la amenaza para el sector establecido no es unidimensional ni se limita a Europa. En el ambiente empresarial peruano circula con creciente fuerza la información sobre el posible ingreso de Nubank, el gigante brasileño que ha revolucionado las finanzas en varios países de la región con una propuesta de valor extremadamente potente. El rumor de su llegada no es descartado por los analistas, dado que Nubank posee la capacidad de escala necesaria para penetrar mercados emergentes con gran velocidad. En tal sentido, la entrada de este titán consolidaría un ecosistema de alta intensidad competitiva donde los bancos tradicionales ya no solo compiten entre sí, sino contra corporaciones tecnológicas que gestionan el capital con la mentalidad de una empresa de software, priorizando la adquisición de usuarios y la minería de datos por encima de los márgenes de interés tradicionales.
Más allá de la competencia entre marcas privadas, existe un motor de cambio estructural impulsado directamente por el Estado: la modernización de los rieles de pago y el sistema de finanzas abiertas u open finance. Alberto del Solar, gerente general adjunto de Mibanco, ha destacado que la situación se tornará aún más compleja para los actores tradicionales debido a las iniciativas del Banco Central de Reserva (BCR). Este último está elaborando un nuevo riel o canal de pagos en colaboración con UPI (Unified Payments Interface), el exitoso operador de pagos de la India, lo que facilitará la interoperabilidad y velocidad de las transacciones a niveles nunca vistos en el país.
Esta nueva infraestructura tecnológica, según advierten los líderes del sector, “abrirá la puerta” definitivamente a los neobancos, permitiendo que cualquier entidad, sea Revoluto, Nubank o nuevas fintech, pueda acceder a las cuentas de los usuarios para ejecutar servicios, siempre bajo el marco de las finanzas abiertas. Este sistema permitirá que las instituciones compartan la información de sus clientes, con el fin último de que el usuario pueda migrar sus datos y acceder a productos más convenientes en plataformas competidoras. La hoja de ruta presentada por la Superintendencia de Banca, Seguros y AFP (SBS) prevé que la consolidación total de este modelo de datos compartidos se dé a partir del año 2028 en adelante.
Ante este escenario de “jaque” tecnológico, los líderes de las microfinanzas en el Perú han comenzado a delinear estrategias de supervivencia que van más allá de la simple compra de software. Durante el “Seminario Internacional de Microfinanzas – 2026” en Arequipa, se hizo evidente que la transformación debe ser, ante todo, mental. Luis Vergara, presidente de Fepcmac, fue enfático al declarar que los bancos digitales ya no son una amenaza futura, sino una realidad presente que exige una reestructuración total del pensamiento institucional. Para las cajas municipales y entidades rurales, el reto es doble: deben adoptar la digitalización para competir en eficiencia, pero sin perder la virtud de la cercanía con el cliente microempresario, que es su baluarte histórico.
La estrategia de adaptación propuesta por expertos regionales no sugiere una digitalización ciega o una imitación total de los neobancos. Manuel Azuero, vicepresidente de estrategia de Banco Caja Social, sostiene que el objetivo no debe ser parecerse a una entidad 100% digital, sino combinar “lo mejor de ambos mundos”. Esto implica utilizar la Inteligencia Artificial (IA) para optimizar procesos de riesgo y atención, pero manteniendo un acompañamiento humano como factor diferencial. Esta visión es respaldada por Manuel Chacaltana, de Caja Arequipa, quien advierte que la digitalización total podría ser contraproducente en ciertos segmentos, ya que el analista de crédito aún aporta un valor subjetivo y de asesoría que las máquinas no pueden replicar plenamente.
En conclusión, el sistema financiero peruano se encamina hacia una era de transferencia y competitividad sin precedentes. La llegada de Revolut es solo el síntoma de un cambio más profundo donde la propiedad del dato financiero pasa de las instituciones a los ciudadanos. El horizonte marcado por el año 2028 como punto de consolidación del open finance define un periodo de gracia muy corto para que la banca tradicional modernice sus infraestructuras y reduzca sus costos operativos. El éxito en este nuevo mercado no dependerá únicamente de quien tenga la mejor aplicación móvil, sino de quien logre integrar la eficiencia de la Inteligencia artificial con la confianza del trato humano. Aquellas entidades que no logren reestructurar su pensamiento y sigan aferradas a modelos de negocios cerrados, se encontrarán en una posición de vulnerabilidad crítica frente a los nuevos titanes digitales que ya están operando en el suelo patrio.