Rita Aura Angela Vizcardo Rodriguez
A finales de los años 90 surgieron cientos de empresas de internet cuya valoración se infló rápidamente porque los inversores apostaban solo a la promesa de una revolución digital, sin un sustento sólido basado en ingresos reales. Cuando la realidad no pudo sostener esas expectativas, los precios colapsaron y, en consecuencia, muchas firmas quebraron. A esta serie de sucesos se le conoce como la burbuja puntocom.
Hoy, una serie de compañías vinculadas a la inteligencia artificial —fabricantes de chips, proveedores de nube, entre otros— están realizando inversiones multimillonarias entre sí. Los acuerdos financiamiento constituyen, según algunos, una “red de financiamiento circular” (según señaló Lily Jamali a BBC NEWS MUNDOr1): una empresa de hardware invierte en una startup de IA, que a su vez compra enormes cantidades de esos mismos chips y contrata servicios de nube, mientras el proveedor de nube recibe contratos de capacidad a largo plazo. Este entramado de pactos genera valoraciones muy altas antes de que se demuestren beneficios operacionales.
Entre los actores más visibles están fabricantes de procesadores (como Nvidia y AMD), gigantes del software y la nube (como Oracle) y la propia startup de IA (OpenAI). Cada uno ha anunciado acuerdos que implican cientos de miles de millones de dólares, lo que ha disparado sus cotizaciones y ha concentrado la inversión en un conglomerado de empresas.
Ahora bien, ¿por qué ello recuerda a la burbuja puntocom? La respuesta es simple: la rapidez con que suben los precios, la magnitud de los flujos de capital y la dependencia mutua entre pocos jugadores hacen que el mercado valore la IA más por la expectativa de futuros retornos que por resultados actuales, un patrón típico de una burbuja financiera.
La pregunta es inevitable: ¿estamos ante otra burbuja… esta vez impulsada por la inteligencia artificial o estamos presenciando un entusiasmo legítimo por una tecnología con potencial revolucionario?
En economía, se habla de “burbuja financiera” cuando los precios de los activos se alejan mucho de sus fundamentos —ingresos, beneficios, capacidad real de generar valor—, sostenidos por expectativas desmedidas de ganancias futuras.
Durante la burbuja puntocom, como hemos señalado, muchas empresas de internet casi no generaban utilidades, pero sus acciones se disparaban solo por estar asociadas al mundo digital.
Hoy, existen similitudes que llevan a una real preocupación. Sam Altman, director de OpenAI, reconoció (según relata Jamali) que la narrativa de la burbuja es tentadora:
“Sé que es tentador escribir la historia de la burbuja (…). De hecho, creo que hay muchos aspectos de la inteligencia artificial que están en plena ebullición ahora mismo” (Jamali: 2025)2.
Asimismo, según señala el periodista, en la misma oportunidad, Altman admitió, incluso, que algunas “startups tontas” podrían hacerse ricas gracias a decisiones equivocadas de los inversores, aunque defiende que en OpenAI “algo real está sucediendo”.
No solo son fundadores y periodistas quienes se lo cuestionan. Como señaló Jamali a BBC NEWS MUNDO, El Banco de Inglaterra, el Fondo Monetario Internacional y el director de JPMorgan, Jamie Dimon, han alertado que podría estar formándose una burbuja en empresas de IA y que “el nivel de incertidumbre debería ser mayor en la mente de la mayoría de la gente”, ante la sospecha de que estas compañías estén sobrevaloradas3.
Según señaló Ian King a The Times, el propio comité de política financiera del Banco de Inglaterra ha advertido que “el riesgo de una fuerte corrección del mercado ha aumentado” debido al incremento de las valoraciones de las tecnológicas estadounidenses4.
A la vez, veteranos del sector como Jerry Kaplan, pionero de la IA, citado por Jamali, afirma haber vivido ya cuatro burbujas y temen que esta sea especialmente dañina:
“Cuando [la burbuja] estalle, será muy malo, y no solo para quienes trabajan en IA (…). Va a arrastrar al resto de la economía” (Jamali: 2025).
Más allá de los precios de las acciones, lo que alimenta la sospecha de burbuja es la forma en que se están financiando los grandes proyectos de IA.
OpenAI se ha convertido en el centro de una compleja red de acuerdos multimillonarios. Un acuerdo particularmente llamativo es la “alianza estratégica” entre Nvidia y OpenAI: Nvidia invertiría millones de dólares en OpenAI a cambio de acciones sin derecho a voto. A su vez, OpenAI se compromete a comprar hasta cinco millones de GPUs de Nvidia para construir (10) gigavatios de nuevos centros de datos.
Nvidia pagaría a medida que se construye cada gigavatio de esos centros, pero todavía no está claro de dónde saldrá exactamente la energía para sostenerlos.
Estos esquemas pueden dar a pensar en un método de financiamiento circular: una empresa invierte o presta dinero a sus propios clientes para que sigan comprándole, lo que puede inflar artificialmente la demanda percibida.
No es algo del todo nuevo. A finales de 2000, grandes proveedores de equipos de telecomunicaciones incurrieron en prácticas similares, como una forma de financiar sus propias ventas antes del estallido de la burbuja.
Hoy, la circularidad se ve así: Nvidia invierte en OpenAI; OpenAI destina parte de ese dinero a contratos masivos con Oracle; Oracle, para proveer esa capacidad, necesitará comprar chips de Nvidia; y Nvidia, a su vez, es inversora en otros proveedores de infraestructura que sirven a OpenAI.
La diferencia principal, subrayan Ian King a The Times, es la magnitud: las sumas son ahora mucho mayores5.
Según los datos recopilados por Jamali, las empresas relacionadas con la IA han explicado alrededor del (80%) de las impresionantes ganancias del mercado bursátil estadounidense en el último año. Asimismo, según indicó el periodista a BBC NEWS MUNDO, la consultora Gartner estima que el gasto global en IA alcanzará aproximadamente US$1,5 billones antes de que termine 20256. Estos datos constituyen señales cuantitativas que alimentan la idea de una burbuja incipiente.
En términos reales, esto se traduce en una carrera por levantar infraestructura física: centros de datos de gran magnitud en áreas remotas para soportar el crecimiento aparentemente insaciable de la IA.
Algunos expertos ven aquí un posible “desastre ecológico provocado por el hombre”: Jerry Kaplan, citado por Jamali, advierte que “estamos construyendo enormes centros de datos que podrían acabar abandonados, oxidándose y filtrando contaminantes cuando pase la euforia inversora, sin que nadie rinda cuentas porque constructores e inversores habrán desaparecido del mapa”7.
El panorama es evidente: el boom de la IA está empezando a tener consecuencias macroeconómicas, energéticas y ambientales muy tangibles.
Ante este escenario, no sorprende que las advertencias se multipliquen.
Como señala Ian King, el comité de política financiera del Banco de Inglaterra ha indicado que debido a las elevadas valoraciones de las tecnológicas estadounidenses, “el riesgo de una fuerte corrección del mercado ha aumentado”8.
En paralelo, según la información recopilada por el equipo de redacción de Gestion, Google ha reconocido que persiste una cierta “irracionalidad” en las grandes inversiones en IA. Asimismo, Sundar Pichai (CEO de Alphabet, matriz de Google) resumió la situación de forma cruda, en cuanto admitió que, a su criterio, ninguna empresa, incluida la suya, será inmune ante el estallido de la burbuja financiera de la IA9.
El equipo de Gestión también advirtió sobre las declaraciones de Pichai que anticipó, además, “disrupciones sociales” significativas: todas las profesiones —de docentes a médicos— seguirán existiendo, pero quienes tengan éxito serán quienes aprendan a usar estas herramientas10.
La dificultad, como apunta el profesor Anat Admati de la Escuela de Negocios de Stanford (citado por Jamali), es que cronificar una burbuja es casi imposible: “Es muy difícil cronometrar una burbuja (…). Y no se puede decir con certeza que se estuvo en una hasta que la burbuja estalla”11, señaló.
Frente a estos temores, otros actores insisten en que lo que vivimos no es una burbuja al estilo puntocom, sino el arranque de una auténtica revolución industrial.
Ian King recoge para The Times, la declaración de Dan Ives, analista de Wedbush Securities, que defiende que el repunte de las tecnológicas de IA no es una burbuja, sino entusiasmo por la “cuarta revolución industrial”12. En esa línea, como señala King, Ives sostiene que la situación actual no debe compararse con la de 1999 (cuando la burbuja puntocom estaba a punto de estallar), sino con la de los años 1995–1996 (etapa temprana: cuando los inversores estaban deslumbrados por el potencial de internet y comenzaron a invertir capital).
Un argumento clave a su favor es que, a diferencia de muchas puntocom, los líderes actuales de la IA sí generan ingresos y beneficios muy elevados.
Antonio Cevallos CEO de BBVA Asset Management, cuyo testimonio recopilamos de la entrada de Westreicher en Gestión, recuerda que antes del estallido de la burbuja puntocom “subieron mucho” los precios de las acciones relacionadas con internet, pero “muy poquitas” generaban utilidades o siquiera ingresos significativos. Hoy, señala, el caso de Nvidia es muy distinto: es un negocio “extremadamente rentable, con mucha palanca operativa”13.
Cevallos añade que, además, gigantes como Google o Amazon reportan más ingresos que el año anterior, con crecimientos de doble dígito y mejores márgenes, por lo que señala que “es difícil argumentar que hay una burbuja” en el mismo sentido que en los años 200014.
Desde otra perspectiva, Jeff Bezos (el fundador de Amazon), según los datos recopilados por Ian King, ofrece una lectura llamativa: en una intervención reciente calificó el auge de la IA como “una especie de burbuja industrial, en contraposición a las burbujas financieras”. Bezos no niega que, en tiempos como estos, se financian tanto buenas como malas ideas y que podría haber pérdidas para los accionistas, pero sostiene que ese coste quedaría eclipsado por el hecho de que “los beneficios para la humanidad serán enormes”15.
Incluso entre los críticos hay matices: según indica Jamali, algunos, como Jeff Boudier (desarrollador de productos en IA Hugging Face), recuerdan que internet se construyó sobre las “cenizas” de la sobreinversión en infraestructura de telecomunicaciones, y sugieren que una eventual sobreinversión en infraestructura para IA puede conllevar riesgos financieros, pero también habilitar muchos productos y experiencias nuevas, incluso algunas que hoy no imaginamos16.
En resumen, esta corriente sostiene que el núcleo tecnológico de la IA es sólido y transformador, no un espejismo, en contraposición a la teoría de la burbuja fianciera.
Más allá de las cifras millonarias que se invierten en compañías ligadas a la IA, la cuestión central es otra: ¿la IA está generando cambios sustantivos y positivos en nuestro trabajo y toma de decisiones, o solo estamos acumulando herramientas de moda?
En esa línea, Claudia Alfaro, cofundadora de Kaudal Economía, propone un cambio de foco: “en la era de la IA, lo que deben mirar los líderes no es cuánta tecnología tienen… sino qué es lo que ha cambiado gracias a ella”17.
Según su experiencia, que detalló para el diario Gestión, muchas organizaciones celebran métricas superficiales: número de agentes de IA creados, usuarios activos o velocidad para producir reportes y documentos18.
Eso no es irrelevante, pero no es suficiente. En la era de la IA, sostiene Alfaro19, los líderes deberían pasar de medir actividad a medir fricción.
Alfaro defiende que la IA no reemplazará al talento, sino que puede liberarlo y empoderarlo para hacer cosas que quizás nunca hubiera imaginado hacer20. Para comprobarlo, propone indicadores como:
Señala Alfaro: “Cuando se mide esto, la conversación deja de ser solo de eficiencia y pasa a ser de crecimiento profesional y transformación del modelo operativo”21.
Así pues, un aspecto clave para evaluar si estamos ante una burbuja financiera de la IA es considerar qué le aporta a una empresa hacer uso de la inteligencia artificial, si evidencia cambios profundos en su forma de trabajar, obtener resultados y reforzar capacidades del talento.
Es probable que la historia de la IA combine elementos de ambas narrativas.
Habrá empresas sobrevaloradas que desaparezcan e inversores que pierdan dinero. Hasta puede que veamos grandes infraestructuras abandonadas.
Pero también es plausible que, como sugieren Ives o Bezos, citados preliminarmente, estemos al inicio de una ola tecnológica de largo alcance, comparable a la expansión de internet.
En última instancia, como recuerda Claudia Alfaro, el verdadero impacto de la IA debe medirse en relación a estándares de valor sustancial productivo, lo que no consiste en acumular más herramientas, sino en generar nuevas capacidades que permitan maximizar resultados.
Quizá esa sea la mejor brújula para atravesar, con algo más de lucidez, la posible burbuja basada en la IA.
Jamali, Lily (16 de septiembre de 2025). “Cuáles son las señales de que existe una burbuja financiera con la IA y los riesgos que conlleva”. BBC NEWS MUNDO. https://www.bbc.com/mundo/articles/cd67ql0y03yo
↩
Ídem
↩
Ídem
↩
King, Ian (8 de octubre de 2025). “AI boom has eerie echoes of dotcom bust – but will this crash be worse?”. THE TIMES. https://www.thetimes.com/business/companies-markets/article/ai-boom-has-eerie-echoes-of-dotcom-bust-but-will-this-crash-be-worse-xbb7nhmg0
↩
Ídem
↩
Jamali, Lily. “Cuáles son las señales de que existe una burbuja financiera…” Op. cit.
↩
Ídem
↩
King, Ian. “AI boom has eerie echoes of dotcom bust …” Op. Cit.
↩
Redacción Gestión (18 de noviembre de 2025). “Google advierte sobre burbuja financiera en IA: Ninguna empresa será inmune”. GESTIÓN. https://gestion.pe/tecnologia/google-advierte-sobre-burbuja-financiera-en-ia-ninguna-empresa-sera-inmune-noticia/
↩
Ídem
↩
Jamali, Lily. “Cuáles son las señales de que existe una burbuja financiera…” Op. cit.
↩
King, Ian. “AI boom has eerie echoes of dotcom bust …” Op. Cit.
↩
Westreicher, Guillermo (22 de noviembre de 2025). “Algunos analistas advierten que podrá estar gestándose peligrosamente una burbuja de la inteligencia artificial, pero ¿qué nos dicen los datos”. GESTIÓN. https://gestion.pe/tu-dinero/inteligencia-artificial-ganancias-en-acciones-ligadas-a-ia-seguiran-en-2026-esto-estima-el-bbva-noticia/
↩
Ídem
↩
ing, Ian. “AI boom has eerie echoes of dotcom bust …” Op. Cit.
↩
Jamali, Lily. “Cuáles son las señales de que existe una burbuja financiera…” Op. cit.
↩
Alfaro, Claudia (18 de noviembre de 2025). “Los indicadores que importan en la era de la inteligencia artificial”. GESTIÓN. https://gestion.pe/opinion/los-indicadores-que-importan-en-la-era-de-la-inteligencia-artificial-noticia/
↩
Ídem
↩
Ídem
↩
Ídem
↩
Ídem
↩